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 Lobos con piel de cordero, maledicentes e hipócritas

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MensajeTema: Lobos con piel de cordero, maledicentes e hipócritas   29th Mayo 2010, 22:09

LA MALEDICENCIA
Un sabio fue visitado por un amigo que se puso a hablar mal de otro amigo del sabio, y este le dijo:
“Después de tanto tiempo, me visitas para cometer ante mí tres delitos:
1º primero, procurando que odie a una persona a la que amaba;
2º segundo, preocupándome con tus avisos y haciéndome perder la serenidad; y
3º tercero, acusándote a ti mismo de calumniador y malediciente”
.



El chantaje emocional es un tipo de maltrato psicológico muy frecuente en las relaciones humanas que persigue, a veces de forma inconsciente, presionar al otro para que sienta, piense, diga o actúe como el chantajista quiere, de manera que, de no hacerlo así, estaríamos traicionándole.

El chantajista desea que los demás se comporten a su antojo y, cuando no lo hacen, actúa como si fuera la víctima, la persona más sola del mundo o a la que nadie quiere, cuando su comportamiento persigue un único fin: mantenernos pendientes de sus sentimientos y deseos, explica el psicopedagogo Bernabé Tierno.

¿Conoces algún lobo con piel de cordero en tú vida personal, en tu curro, en tu entorno?

Seguro que si, y que haces ¿le das de comer, miras a otro lado, le toleras, lo ahuyentas, no te enteras, haces que no te das cuenta?

El hombre es un lobo para el hombre ¿no?




Las Tres Rejas o El Triple Filtro
En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
- ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
- Espera un minuto - replicó Sócrates. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.
- ¿Triple filtro?
-Correcto -continuó Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
- No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y...
- Bien -dijo Sócrates. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.
- Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
- No, por el contrario...
- Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto.
Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
- No, la verdad que no.
- Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?


Última edición por liberaTHOR el 29th Mayo 2010, 22:56, editado 5 veces
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MensajeTema: Re: Lobos con piel de cordero, maledicentes e hipócritas   29th Mayo 2010, 22:14

El caso es que quería escribir algo acerca de estos "lobos humanos" con piel de cordero, y me puse a leer, y encontré algo ya escrito que casaba con lo que pretendía expresar, así que mejor paso a enlace;
* alimanasyvermes.blogspot.com

Syngamus escribió:
Cierto día, el Lobo con Piel de Cordero se acerca a ti amistoso, como es él, y te propone participar en determinado proyecto. Se muestra entusiasta, te convence. Las posibilidades son enormes; los objetivos, ambiciosos; el fin, nobilísimo. Una vez embarcado en el proyecto, el Lobo con Piel de Cordero siempre te recibe con una sonrisa. Se alegra por tus primeros logros. Tus problemas son los suyos. Después del duro trabajo compartís unas cañas. Llegas a creer que sois amigos.

Llegado cierto momento, suceden cosas de difícil explicación. El Lobo con Piel de Cordero acude a una importante reunión a la que tú deberías haber asistido, pero no te avisa de la misma. Más tarde, se muestra sorprendido, dolido, casi desolado. El creía que te avisarían los otros. Poco a poco suceden mas hechos paranormales (en sentido estricto: “que parecen normales”). Son minúsculos, indetectables, inapreciables a simple vista. Es mas, parecen malentendidos. Poco a poco te das cuenta de que el Lobo con Piel de Cordero siempre aparece como nexo común entre ellos. Te extrañas: no es el modo de actuar de un Cordero.

Y un día crees apreciar un colmillo reluciente cuando, como siempre, te recibe con una amplia sonrisa. Poco a poco descubres otros detalles asomando bajo la blanca lana del Cordero: un pelo gris aquí, una garra acá. Se adjudica competencias que no tiene. Toma decisiones sin consultarte. Se cuelga medallas que, si a ti te importasen, te corresponderían. Ideas cierta actuación: el día que se presenta en público, el Lobo con Piel de Cordero ni te nombra.

El Lobo con Piel de Cordero tiene algo también de Perro del Hortelano (que no come, ni deja comer). Cuando quieres hacer un trabajo trata de impedirlo, aduciendo peregrinas razones. Quizá ni él mismo sepa por qué le incomoda tu trabajo. El Lobo con Piel de Cordero convierte en auténtica Ciencia a la psicología. Sus razones son incomprensibles; su modo de actuar, inexplicable.

El Lobo con Piel de Cordero no hace mobbing. No se dirige a ti con desprecio, no te escribe emails amenazadores. El Lobo con Piel de Cordero es mucho más sutil. Así que no puedes comentar tus inquietudes con compañeros o colegas: te tomarían por paranoico o envidioso. Además, el Lobo con Piel de Cordero sabe venderse, y tiene amigos influyentes. No ganarías nada enfrentándote a él.

Un día dado vas de frente y hablas con el Lobo con Piel de Cordero: lo niega todo. Malentendidos, sin duda: “aquello tiene explicación; de aquello otro yo no estaba enterado”. Las lágrimas pugnan por saltar de sus ojos. Consigue que te retires pensando que podrías estar equivocado.

Llega el día en que, definitivamente, ya no albergas dudas sobre la lupina identidad que se esconde bajo la lana. Pese a que no le devuelves la sonrisa cuando os veis, pese a que rechazas sus invitaciones a cañas, el Lobo con Piel de Cordero sigue actuando como si pertenecieseis al mismo rebaño y como si funcionase el principio de que lo que es bueno para ti, es bueno para él.

Por suerte, el tiempo pone, aunque sea un poco, a cada uno en su sitio, y ya no eres el único que le ha visto las orejas al Lobo. Aunque el gran público siga viendo al Cordero, ya no estás solo frente al Lobo.

Llega el día en que tu trabajo llega a su fin. Cuando creías que tu capacidad de asombro había llegado a su límite, El Lobo con Piel de Cordero te invita a seguir en el proyecto: hay nuevas expectativas, mucho todavía por hacer. Devolviéndole su misma sonrisa iscariótica, declinas su invitación.
Y cuando han pasado agradables meses desde la última vez que tuviste que cruzar una palabra con el Lobo con Piel de Cordero, recibes desde la distancia un email. Te pide que le envíes un documento, y aprovecha para interesarte por ti y por desear que pronto toméis una caña juntos. Casi al mismo tiempo, un ex-compañero te envía otro email que, por error, el Lobo con Piel de Cordero ha reenviado a quien no debía, donde se refiere a ti en términos no tan amistosos como en el emial que recibiste tú.

Y ese día explotas.






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MensajeTema: Re: Lobos con piel de cordero, maledicentes e hipócritas   29th Mayo 2010, 22:36




El chantajista no cree en su capacidad (falla su autoestima) para lograr el cariño de alguien de forma natural. Por eso fuerza la situación...


Estos manipuladores de los sentimientos ajenos ponen en juego la siguiente estrategia: dan mucho (cariño, por ejemplo) y lo dan de forma aparentemente desinteresada, pero, en realidad, buscan incrementar su autoestima, controlar la conducta del otro (provocando sentimientos negativos en él: culpa, sobre todo) y obtener la atención, el afecto y la aprobación que de otra forma creen no poder conseguir.

Autoestima y rencor

La trastienda de esta conducta tiene varios vericuetos. Por un lado, el chantajista no cree en su capacidad (falla su autoestima) para lograr el cariño de alguien de forma natural. Por eso fuerza la situación sobrecargando a su víctima de atenciones.

Por otro lado, al sentir que el chantajeado no responde a sus peticiones en la medida que él espera, acumula resentimiento, hostilidad y emociones negativas hacia sí mismo y hacia los demás. Justo entonces empezará a lanzar las frases que le han hecho famoso: Con todo lo que he hecho por ti y ahora me lo pagas así, Toda la vida sacrificándome por ti y ahora ni siquiera vienes a verme. Sentencias que buscan generar a su alrededor, sobre todo, sentimiento de culpa.


Cómo detectarlo


No sólo por sus frases lo conoceréis. Otra pista es el efecto que el chantajista produce en ti: Cuando cambiemos nuestros objetivos, nos sintamos faltos de energía, egoístas, malos, anulados o incapaces de reaccionar, es probable que estemos frente a una persona manipuladora. Entonces lo mejor es huir porque el manipulador fulmina la autoestima y nos hace cada vez más dependientes de él, sentencia Iván Mayor, psicólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

También te ayudará a identificarlo saber que suele poner en práctica actitudes muy amables: hacer algo por ti antes de que lo necesites, por ejemplo; paternalistas: decidir por ti, sin pedir tu opinión o permiso, para protegerte o por tu bien; halagadoras: si haces lo que él quiere, claro; o abnegadas: esa madre que vive para sus hijos y que monta un drama si las cosas no se hacen como quiere. En definitiva, actitudes que doran la píldora a la víctima hasta la saciedad, pero que se tornan en cólera, llanto o acusaciones de egoísta, insensible, desagradecida... si no hacemos lo que el chantajista quiere.


Para no manipular


El chantajista debe incrementar su autoestima mediante el trabajo bien hecho, las actitudes desinteresadas, la resolución de conflictos, la defensa de los propios derechos y deseos, el diseño y logro de objetivos, etc.

También es importante que aprenda a relacionarse mejor no desaprovechando situaciones sociales, escuchando y poniéndose en el lugar del otro. Así, enriquecerá su vida afectiva, y con ella la autoestima, y logrará lo que quiere sin manipular.

Y tú, como víctima, también tiene tareas. Hay que procurar poner límites a la relación con el chantajista para que deje de agobiarnos, dejarle claro que no le vas a escuchar cuando el tinte de la conversación ceda al lloriqueo y al chantaje, hacer en todo momento lo que creamos adecuado, independientemente de su opinión, y pensar que cuando alguien quiere ayudarnos de corazón no pedirá nada a cambio, aconseja Mayor.


Cosa de dos


Pero los juegos de manipulación tienen dos protagonistas y el propio chantajeado debe analizarse. Hay que detectar los miedos y las áreas deficitarias de nuestra vida, como la diversión, el trabajo, los amigos... que pueden hacernos manipulables, y aumentar nuestros recursos personales frente a ellos, advierte el psicólogo. Por ejemplo, si temo que mi pareja me abandone, soy manipulable y puedo ceder aspectos importantes de mi vida en aras de sus deseos. En ese caso, tendría que identificar los pensamientos que mantienen ese temor (“No podría vivir sin él/ella”, etc) y aprender a rebatirlos, dice Iván Mayor.

Además, evaluando las áreas deficitarias, podré diseñar un plan para cubrirlas: si dependo de mi pareja para salir, buscaré la forma de disfrutar por mi cuenta; si todos mis amigos son sus amigos, procuraré conocer gente afín a mis intereses... Así, nuestros recursos aumentarán y nos sentiremos seguros frente a cualquier manipulación.


Si eres la víctima...


Responde con amabilidad y firmeza.

Si la persona manipuladora utiliza frases del tipo: Con todo lo que yo he hecho por ti.... Puedes contestarle: Me parece bien y te lo agradezco, pero ahora he decidido actuar así.

No te creas la mala. Simplemente no tienes que satisfacer sus necesidades todo el rato. Al culparte, caes en su trampa.

Cuida tu autoestima. Si está maltrecha, tolerarás lo intolerable. El trato con el chantajista destruye la autoestima y te vuelve dependiente de él.

Vigila tus miedos. También los vacíos vitales, porque pueden hacerte manipulable.

Si insiste, dale opciones. Dile que no haga tanto por ti o, si tan bueno es, que lo haga desinteresadamente, sin pedir nada a cambio.

Tampoco seas egoísta. A veces el manipulador no es muy consciente de sus tejemanejes y sólo pone en juego un rudimentario reclamo de atención y cariño. Ayúdale a verlo y sé generosa, pero, ojo, que no te coma el terreno.


Si eres la chantajista


¿Te has reconocido en el papel de manipuladora? Entonces tienes un problema. Disponte al cambio y lo superarás. Como punto de partida debes reforzar tu autoestima con la acción, la toma de decisiones, el trabajo bien hecho, el logro de metas progresivas. No hagas trampas para que te quieran ni hagas que el otro pague el pato de lo que arrastras. Además, ten esto en cuenta:

No culpes al otro. Si no está a la altura de tus expectativas, no se lo recrimines. Plantéate si podrías modificar tus metas en vez de intentar cambiarle a él.

Abre tu mente. Chequea tus patrones de pensamiento. Seguramente tienes ideas inamovibles y rígidas sobre el bien y el mal.

Potencia tu vida social. Rodéate de los tuyos, conoce gente nueva que te quiera por lo que eres, sin favores a cambio. No uses tus relaciones para conseguir un fin.
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MensajeTema: Re: Lobos con piel de cordero, maledicentes e hipócritas   29th Mayo 2010, 22:43

ARTÍCULO. “LA MALEDICENCIA... UN RASGO DEL HIPOCRITA”.





ARTÍCULO. “LA MALEDICENCIA... UN RASGO DEL HIPOCRITA”.

***PARTE DE LA ACADEMIA UNIVERSITARIA ACTUAL EN MI UNIVERSIDAD DEL ZULIA, GENUFLEXIONA ANTE ESE RASGO…

POR PROF. DR. MERVY ENRIQUE GONZÁLEZ FUENMAYOR
MARACAIBO.ESTADO ZULIA.REPÚBLICA DE VENEZUELA.AMÉRICA DEL SUR
REDACTADA Y PUBLICADA EN LA RED JUEVES 06 AGOSTO DE 2009.

No resulta fácil plasmar en escritura nuestras reflexiones sobre la hipocresía y la maledicencia. La tarea resulta todavía más difícil si se desea contextualizarla en el campo de la gente letrada, en el campo de los intelectuales, en el escenario de la academia, pues el fantasma de los prejuicios, las lucubraciones y las ofensas arteras para quienes desarrollen estos temas, no dejarán de hacerse presentes. Aún corriendo ese riesgo me permitiré expresar algunas opiniones.

Algunas personas o la mayor parte de ellas, se muestran temerosas, muy cuidadosas y hasta indiferentes, frente a las actuaciones, actitudes, decisiones y manifestaciones sociales y de otro tipo ,de la gente a quien considera “preparado”, de vasta cultura, de formación universitaria y académica y de aquellos que gozan de reconocimiento político, social económico, religioso o de otra especie. Ese temor puede ser considerado como uno de los factores por lo cuales la sociedad actual se caracteriza por un acentuado materialismo, por la práctica del disimulo y el engaño, por el ascenso sin mérito ,utilizando la descalificación los vericuetos y sendas que suelen transitar aquellos que trabajan en la oscuridad y bajo el imperio de propósitos y fines inconfesables.

Hace tiempo escribí algunas notas sobre la maledicencia y también sobre la hipocresía. En esas reflexiones me límité a abordar el asunto en términos generales y sin contextualizar sus efectos en algunos escenarios existenciales. En el presente artículo me refiero a quienes, precisamente no deberían actuar ni con hipocresía, ni mucho menos ejercer la práctica habitual de la maledicencia. Estos procederes corresponden a las almas innobles, a los que por no brillar con luz propia, pretenden destruir las luminosas lámparas con las que el esfuerzo, la inteligencia y el culto al conocimiento, han dotado a algunos otros de sus congéneres.

Después de más de dos décadas desarrollando mi labor académica, de docente y de investigador en la muy ilustre Universidad del Zulia(Maracaibo-Venezuela), y con casi 60 años de edad y con alguna experiencia; cada vez se me hace más fácil comprobar ,que primeramente incurre en maledicencia - - - y como consecuencia de la misma desarrollar una actitud hipócrita - - -el académico, el letrado, el universitario y todo aquel que invadido por la prepotencia y la autosuficiencia, desea asumir un liderazgo para el cual ni ha trabajado ni se ha capacitado y mucho menos posee la inteligencia necesaria para materializarlo. En los variopintos escenarios de la universidad, es muy frecuente encontrar este tipo de personajes. Su currículo se encuentra abultado de constancias y de actividades “desarrolladas en universidades extranjeras”, su maleta está lista para embarcarse en el avión. La mayor parte de su vida universitaria la han pasado “volando”, y su producción intelectual, académica y universitaria, es la misma que la primera que a duras penas logró publicar, pues luego la ha re-editado agregándole algunas líneas o “cambiándole la portada o la contraportada. Aunque resulte risible , y como anécdota me cuenta un amigo, que estos miembros de la especie humana se parecen mucho a un cantante venezolano que escribió e interpretó una canción a la cual le ha sacado mucho provecho, intitulada: “ Mi limón… mi limonero” .

Por mi parte he logrado enfrentar a los maledicentes e hipócritas, haciendo uso de la única herramienta capaz de enervarlos, neutralizarlos y sacarlos del juego. Este utensilio es la verdad, herramienta que acompaño al discernimiento y la fuerza que Dios concede a quienes le sirve, anuncian y difunden su palabra. En el ejercicio de la docencia tanto como en la investigación y en el área de extensión hacia las comunidades, he actuado como he predicado y he dejado de lado mis temores y mis miedos, pues quien con Dios transita, no ha de temerle ni a la obscuridad, ni al maligno, ni a sus flechas incendiarias. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece y nadie ni nada me separará del amor de Dios. La verdad y el bien decir(bendecir) son los escudos que debemos utilizar para protegernos y luchar en contra de la maledicencia y de la hipocresía.

Transcribo algunas líneas que extraje del libro: “EL HOMBRE MEDIOCRE”, cuyo autor es el filósofo José Ingenieros:

“LA MALEDICENCIA
Si se limitaran a vegetar, agobiados como cariátides bajo el peso de sus atributos, los hombres sin ideales escaparían a la reprobación y a la alabanza. Circunscritos a su órbita, serían tan respetables como los demás objetos que nos rodean. No hay culpa en nacer sin dotes excepcionales; no podría exigírseles que treparan las cuestas riscosas por donde ascienden los ingenios preclaros. Merecerían la indulgencia de los espíritus privilegiados, que no la rehúsan a los imbéciles inofensivos. Estos últimos, con ser más indigentes, pueden justificarse ante un optimismo risueño: zurdos en todo, rompen el tedio y hacen parecer la vida menos larga, divirtiendo a los ingeniosos y ayudándolos a andar el camino. Son buenos compañeros y depositan el., bazo durante la marcha: habría que agradecerles los servicios que prestan sin sospecharlo.
Los mediocres, lo mismo que los imbéciles, serían acreedores a esa amable tolerancia mientras se mantuvieran a la capa; cuando renuncian a imponer sus rutinas son sencillos ejemplares del rebaño humano, siempre dispuestos a ofrecer su lana a los pastores. Desgraciadamente, suelen olvidar su inferior jerarquía y pretenden tocar la zampoña, con la irrisoria pretensión de sus desafinamientos.
Tórnense entonces peligrosos y nocivos. Detestan a los que no pueden igualar, como si con sólo existir los ofendieran. Sin alas para elevarse hasta ellos, deciden rebajarlos: la exigüidad del propio valimiento les induce a roer el mérito ajeno. Clavan sus dientes en toda reputación que les humilla, sin sospechar que nunca es más vil la conducta humana. Basta ese rasgo para distinguir al doméstico del digno, al ignorante del sabio, al hipócrita del virtuoso, al villano del gentilhombre.
Los lacayos pueden hozar en la fama; los hombres excelentes no saben envenenar la vida ajena.
Ninguna escena alegórica posee más honda elocuencia que el cuadro famoso de Sandro Botticelli. La calumnia invita a meditar con doloroso recogimiento; en toda la Galería de los Oficios parecen resonar las palabras que el artista no lo dudamos quiso poner en labios de la Verdad, para consuelo de la víctima: en su encono está la medida de su mérito... La Inocencia yace, en el centro del cuadro, acoquinada bajo el infame gesto de la Calumnia. La Envidia la precede; el Engaño y la Hipocresía la acompañan. Todas las pasiones viles y traidoras suman su esfuerzo implacable para el triunfo del mal. El Arrepentimiento mira de través hacia el opuesto extremo, donde está, como siempre sola y desnuda, la Verdad; contrastando con el salvaje ademán de sus enemigas, ella levanta su índice al cielo en una tranquila apelación a la justicia divina. Y mientras la víctima junta sus manos y las tiende hacia ella, en una súplica infinita y conmovedora, el juez Midas presta sus vastas orejas a la Ignorancia y la Sospecha.
En esta apasionada reconstrucción de un cuadro de Apeles, descrito por Luciano, parece adquirir dramáticas firmezas el suave pincel que desborda dulzuras en la Virgen del granado y el San Sebastián, invita al remordimiento con La abandonada, santifica la vida y el amor en la Alegría de la primavera y el Nacimiento de Venus.
Los mediocres, más inclinados a la hipocresía que al odio, prefieren la maledicencia sorda a la calumnia violenta. Sabiendo que ésta es criminal y arriesgada, optan por la primera, cuya infamia es subrepticia y sutil. La una es audaz; la otra cobarde. El calumniador desafía el castigo, se expone; el maldiciente lo esquiva. El uno se aparta de la mediocridad, es antisocial, tiene el valor de ser delincuente; el otro es cobarde y se encubre con la complicidad de sus iguales, manteniéndose en la penumbra.
Los maldicientes florecen doquiera: en los cenáculos, en los clubs, en las academias, en las familias, en las profesiones, acosando a todos los que perfilan alguna originalidad.
Hablan a media voz, con recato, constantes en su afán de taladrar la dicha ajena, sombrando a puñados la semilla de todas las yerbas venenosas. La maledicencia es una serpiente que se insinúa en la conversación de los envilecidos; sus vértebras son nombres propios, articuladas por los verbos más equívocos del diccionario para arrastrar un cuerpo cuyas escamas son calificativas pavorosos”. (INGENIEROS José. El HOMBRE MEDIOCRE. Caracas-Venezuela. Editorial Panapo.1987.Pags.51-52)
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