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 Los funcionarios no son el enemigo a combatir

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MensajeTema: Los funcionarios no son el enemigo a combatir   4th Junio 2012, 19:25

Dentro de su Programa de Estabilidad para 2012-2015, el Gobierno anunció el viernes 27 de abril una medida con la que ataca de nuevo a los funcionarios y les atribuye un absentismo laboral (por un supuesto hábito fraudulento) que quiere que quiere hacerles pagar muy caro. Cada vez es mas notorio que el Gobierno pretende enemistar a la población contra los funcionarios, a quienes tilda de vagos y sinvergüenzas, y transferir hacia ellos parte del malestar que la gestión de la crisis genera. Es la política del divide y vencerás llevada hasta las últimas consecuencias para zaherir a un colectivo mientras se embiste sin piedad contra el estado de bienestar.
Alberto Soler Montagud escribió:
Recortar en las prestaciones por enfermedad

Como si los funcionarios no tuvieran que soportar ya suficientes correctivos por el “pecado” de ser trabajadores fijos (muchos de ellos mileuristas), el Gobierno da por hecho que cuando están enfermos solo fingen para cobrar sin trabajar. Aunque esta acusación sea muy grave, las mentes pensantes que nos gobiernan quieren paliar la crisis recortando el subsidio de las bajas por enfermedad de este castigado colectivo a fin de "aumentar la productividad de los funcionarios y disminuir las necesidades de contratación".

¡Por Dios, que cinismo!

¿En vez de insultarlos y castigarlos a todos en base a un infundio por qué no se les concede a los funcionarios la misma presunción de inocencia que a ciertos personajes como Luis Bárcenas, José Joaquín Ripoll, Jaume Matas, Carlos Fabra y un largo etcétera a quienes Rajoy tanto elogió?

¿Por qué “castigar preventivamente” infracciones aun no cometidas en lugar de adoptar medidas para evitarlas y aplicar sanciones solo si se perpetraran?



Mezclar churras con "meninas"

Señores ministros, señor Rajoy, no mezclen ustedes churras con "merinas", ni anden por la crisis como un elefante en una cacharrería, arrasando a su paso y amenazando con un sinfín de “viernes sangrientos” en lugar de adoptar medidas diseñadas por y para España y no para regocijo de la señora Merkel.

Los funcionarios no son el enemigo a combatir

Tal vez haya muchos pícaros entre los funcionarios españoles, pero probablemente no sean más que los que existan entre los políticos, camioneros, hosteleros, metalúrgicos, sacerdotes, fontaneros, o administrativos de banca, motivo por el cual les sugiero que sean respetuosos con esos casi tres millones de policías, maestros, bomberos, médicos, enfermeros… y toda una legión de administrativos sin los cuales no “funcionarían” los entresijos burocráticos de los organismos oficiales.

Señores políticos, destierren ustedes falsos clichés y admitan que los funcionarios nada tienen que ver con esos chupatintas decimonónicos ineficientes y vagos que, como dijo el secretario de estado de las administraciones públicas, Antonio Beteta, no hacen mas que tomar cafelitos y leer el periódico en lugar de ser productivos.

¿Qué pretenden al repercutir sobre los funcionarios las consecuencias de una crisis y de una mala gestión?
¿Qué persiguen reduciendo la tasa de reposición de personal de los cuerpos de la administración pública, aumentando la jornada laboral sin respetar los convenios laborales previos y tratando a los funcionarios como unos indolentes haraganes?
¿Por qué soliviantan a la ciudadanía contra el funcionariado y lo hacen de un modo tan descarado?
¿De qué se están defendiendo y por qué se empeñan en crear este malestar social cargando contra los trabajadores públicos?



Mas inspecciones y menos presunción de culpabilidad


Si lo que pretende el Gobierno es combatir el absentismo, la primera medida debería ser dotar con más y mejores herramientas al cuerpo de inspectores médicos e inspectores de trabajo. También habría que crear mas plazas de inspectores para no saturar a los que ahora no dan abasto por culpa de unas ratios que imposibilitan un control de los procesos de bajas y llevar a cabo revisiones con la frecuencia adecuada a cada proceso.
Criminalizar a priori a todos los funcionarios que caen enfermos y considerarlos unos transgresores y fingidores como excusa para resolver un presunto absentismo va en contra del derecho natural y se opone a la presunción de inocencia y a la lógica de la razón.

¿A que juegan ustedes, señores políticos?

¿Qué lógica tiene reducir las prestaciones por enfermedad a un funcionario cuando padece una enfermedad grave?
¿Acaso cuando un funcionario enferma disminuyen sus necesidades y su familia necesita menos dinero para llegar a fin de mes?
¿Creen los políticos que rebajar el subsidio por enfermedad de los funcionarios resolverá la crisis? ¿Lo consideran una medida ética?
¿O tal vez los políticos se aprovechan de la crisis para ejecutar un plan subterfugio sin importarles lesionar el estado de bienestar y dañar bienes tan intocables como la sanidad y la enseñanza?


Señores políticos, deberían ser mas serios y consecuentes cuando al mismo tiempo que demonizan a los funcionarios pretenden amnistiar fiscalmente a unos verdaderos delincuentes (fiscales) como esos ricos que han amasado fortunas que nunca declararon a Hacienda.

¿Quién son buenos y quienes malos para ustedes?
¿De qué bando están ustedes?
¿Acaso no es mas absentista un diputado que apenas pisa el Congreso que un mileurista que solo falta su trabajo cuando está enfermo?



Colofón

Como colofón, les propongo a nuestros ilustres mandatarios unas cuantas medidas que he ido improvisando desde mi rabia y descontento:

1- Acaben de una vez con las duplicidades administrativas, organismos oficiales innecesarios, administraciones paralelas, empresas “de” y “para” la administración, mancomunidades, observatorios, fundaciones, consejos, etc.
2- Despidan inmediatamente (y convoquen una oposición o concurso de méritos para acceder a sus puestos, si fuera necesario mantenerlos) a todos esos familiares suyos, amigos, allegados y demás beneficiados de la designación a dedo.
3- Lleven a cabo una gestión racional de lo público sin que esta medida lleve implícita una privatización en beneficio de las empresas de esos que ustedes miman o por quienes son mimados.

El funcionario en la literatura española (siglos XVIII-XX)
Manuel Martínez Bargueño escribió:
Manuel Azaña escribió:
“Oigo quejas de la burocracia española. Seguramente la burocracia española no es ni peor ni mejor que las demás instituciones del Estado o que los demás organismos sociales […] La burocracia tiene necesidad de dos o tres cosas. La primera de ellas es afinar en la selección de personal, exigiendo verdadera competencia. La segunda es personalizar la responsabilidad de la función que hoy no está personalizada […] hay que hacer saber al funcionario […] que el es un profesional al servicio del Estado, en unas condiciones previamente contratadas, como puede ser un técnico al servicio de una empresa pero sin olvidarse del concepto de Función Pública”.

Manuel Azaña, de cuyo discurso en el Coliseo Pardiñas de Madrid, el 11 de febrero de 1934, están tomadas estas frases imperecederas, es uno de los autores que figuran en esta antología comentada que con el título “El funcionario en la Literatura española (siglos XVIII- XX)” hace un completo repaso de la presencia de los funcionarios públicos (también llamados, según las épocas, covachuelistas, oficinistas o empleados) en la literatura española tanto costumbrista como científica de los últimos tres siglos.

Desde la mirada exterior arrojada por los viajeros que nos visitaron durante los siglos XVII y XIX, hasta Camilo José Cela o Francisco Umbral, por citar los mas modernos, pasando por los “clásicos” como Mesonero Romanos, Larra y Perez Galdós, todos ellos han dedicado paginas brillantes, ácidas en ocasiones, tiernas en otras, sobre el papel del funcionario en la sociedad española. El lector quedará, quizás, sorprendido al comprobar que el funcionariado ha tenido y tiene hoy tambien, a pesar de los malos tiempos que corren, defensores apasionados que han sabido valorar su profesionalidad y dedicación.

Conocer un poco mas y mejor esta visión literaria de nuestra historia administrativa, deleitarse con lecturas y citas escogidas y reflexionar, en suma, sobre el ayer, hoy y mañana de la Función Pública es la pretensión de esta obra, llamada a ser referencia de lectura aconsejable, por no decir imprescindible, para todos aquellos lectores, políticos, funcionarios o ciudadanos, que se interesen por los asuntos públicos y por las personas encargadas de su gestión.
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